Muy queridos hermanos y hermanas...

Muy queridos hermanos y hermanas, que nuestro buen Padre Dios,  “que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1Tm 2,4), los acompañe y los llene de su santo amor.

Como es tradición, el penúltimo domingo de octubre celebraremos la Jornada Mundial de las Misiones ―mejor conocida como “DOMUND”―. Este año es particularmente especial por dos grandes acontecimientos:

1) Primero, porque conmemoramos el 90 aniversario de la aprobación e institución de esta Jornada por el papa Pío XI en 1926. Y desde entonces el DOMUND se ha venido celebrando todos los años, constituyéndose en una fiesta jubilosa de la caridad y de la solidaridad universal. En este sentido, el DOMUND resulta una celebración determinante para la vida y misión de la Iglesia Universal.

2) En segundo lugar, en el marco del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, el sentido primordial de la Jornada Mundial de las Misiones resplandece de modo particular, como lo señala el Papa Francisco en su mensaje de este año con ocasión de dicha Jornada. En este mensaje el Santo Padre “nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana”

Gracias a su generosa cooperación, en este año también el buen Dios ha permitido a las OMPE de México responder a más de 20 solicitudes muy apremiantes en diversos países, por ejemplo: 9 proyectos para Tanzania, 10 para la India, uno para Ecuador, uno más para el seminario de Angola y, en nuestra patria, seguimos apoyando a nuestros hermanos de la diócesis de Tarahumara.

Así pues, queridos hermanos y hermanas, que el próximo domingo 23 de octubre sea un momento culminante de nuestra entrega apasionada y misericordiosa por todos nuestros hermanos, reflejo pequeño, pero fiel y sincero, de la misericordia eterna que el Padre tiene para con todos nosotros.

Desde las Obras Misionales Pontificio Episcopales de México reciban mis saludos y mis oraciones. Que Dios, Padre misericordioso, por medio de su Hijo, el Misionero por excelencia, los bendiga abundantemente en sus personas y en la misión que realizan en favor de sus hermanos.

Fraternalmente,

Pbro. José Ayala Madrigal

Director Nacional